SONISPHERE FESTIVAL – “THE BIG FOUR”
BUCAREST, RUMANIA  -  26/7/2010

Todos sabíamos la noticia top de este año y que causó conmoción en el mundo del metal: Metallica, Megadeth, Ántrax y Slayer girarían juntos por distintos países de Europa haciendo una serie de shows, bajo el nombre de “The Big Four”. El thrash metal de parabienes ya que esto era la primera vez en la historia que pasaba y era una idea a la cual habían adherido los distintos integrantes de cada banda, reforzando la idea de que por fin se dejaron egos personales y estas históricas agrupaciones nos darían un mazazo de metal en nuestras cabezas. El Ojo Metálico debía cubrir ese evento, pero cómo?? Ya la inflación galopante nos había mermado nuestras arcas. Que hacer??
Linda noticia tuvimos cuando nuestras amigas y algunas veces colaboradoras de El Ojo,  Silvia y Alexa, nos avisaron que partían a Rumania para ver, en el marco del Festival Sonisphere, a los “Big Four”. “Grande chicas!!!” gritamos como si fuera un gol de Messí, “Vayan y nos traen el material de una!!”. Bueno, todo fue así y por lo tanto estas diosas locales fueron, vieron, analizaron, dispararon flashes a lo pavote y aquí te mostramos este informe impactante, mientras esperamos que esto no se corte acá y que “The Big Four” pueda recalar en Bs. As.

 

Cuando, hacia los Idus de Marzo del año 2010 se anuncia la realización de lo que sería el evento mas grande en la historia del Thrash Metal: el festival “Big four”, show que reuniría en una misma noche y sin respiro a Metallica, Slayer, Megadeth y Antrax, solo nos faltó decidir hacia cual de las siete (oh casualidad! Numero sagrado!) privilegiadas ciudades nos dirigiríamos: Varsovia (Polonia), Zurich (Suiza), Praga (Rep Checa), Sofía (Bulgaria), Atenas (Grecia), Bucarest (Rumania) o Estambul (Turquía), difícil elección, si tenemos en cuenta lo atractivo y exótico de los destinos.
Siete fechas, solo siete, en las cuales el “Sonisphere Festival” provocaría una masacre sonora irresistible. Finalmente nos decidimos por Rumania…íntimamente asociada a Transylvania, Cárpatos, vampiros, Drácula, la ecuación cerraba a la perfección y hacia allí nos dirigimos.


El estadio “Romexpo” queda a diez minutos del centro de Bucarest, es una especie de parque reciclado para la ocasión, al aire libre y mucho mas largo que ancho el cual puede albergar a casi 20.000 almas, numero irrisorio si tenemos en cuenta a las casi 100.000 personas que concurrieron a la fecha de Polonia, pero cifra nada despreciable tratándose de Rumania, país de Europa del Este que recién  empieza a incorporarse al mercado del Heavy Metal internacional, que aun conserva su propia moneda, el Lei, y el cual se encuentra bajo reconstrucción después de la caída de una larga dictadura y el fusilamiento de su cabecilla.
El predio contaba con toda la parafernalia de los grandes festivales: puestos de comida y de merchandising, áreas de descanso, y las correspondientes carpas de “Red Bull”, “Jack Daniel s” y otros elixires, los cuales son de venta permitida dentro del lugar.
Enfrente al escenario había una zona Vip denominada “Golden Circle” a la cual se accedía pagando  una suma bastante superior al precio de la entrada común y en la que también  se aglutinaban los invitados.

Hacia las 17 hs sería Anthrax quien abriría el fuego, al frente, un Belladona aparentemente rejuvenecido quien no se privó de arengar al público y de usar su característico tocado de indio; detrás de él y en perfecta sincronía: Scott Ian, Rob Caggiano, Frank Bello y Charlie Benante, músicos increíbles y versátiles,  quienes, se presentaban en Rumania por primera vez para delicia de sus fans. Su set list fue breve: “Caught in a Mosh”, “Got the Time” ( cover), “Madhouse”, “Be All, end all”, “Antisocial”, “Indians”, “Metal Thrashing Mad” y “I m the Law”. Permitiéndose otro cover, “Heaven & Hell”, en memoria de Ronnie James Dio, la banda intentó dar lo mejor de sí, particularmente no me alcanzó. Cultores de un Thrash bastante particular, que absorbe influencias del Hardcore, el Heavy Metal y hasta del Rap, el grupo cumplió pero no hechizó.
En la media hora de espera entre banda y banda, muchas preguntas nos daban vuelta en nuestro interior: en Argentina lo lógico sería que Megadeth toque antes de Metallica, aquí ese privilegio le tocaría a Slayer, quienes  fueron los casuales árbitros en un implacable duelo de titanes… que Megadeth toque con Metallica??? un sueño impensado hecho realidad en los pensados vaivenes del capitalismo cruel y hostil.
En fin,  estuvimos atentas a algún cruce o roce en el backstage, evento que no sucedió ni sucedería al menos,  en el estadio “Romexpo” ya que Metallica tenía su camarín por un lado, y las tres restantes bandas por el otro. Los Anthrax, menos Benante, partieron ni bien terminaron de tocar, mientras que Mustaine y Ellefson se acercaban a saludar a los Slayer. Ello no quitaría que en otras ciudades las bandas hayan compartido sesiones de fotos, zapadas y salidas; de hecho, la noche anterior, los bateristas del evento: Ulrich, Drover y Benante (con excepción de Lombardo a quien le pareció excesivamente tarde las 4 de la madrugada para salir de copas) acompañados de algunos miembros de Anthrax  y partes de las diferentes crews, se encaminaron en un tour etílico hacia la zona vieja de Bucarest, la cual está infectada de bares.
El Conde Vlad Tepes se revolvería en su ¿sepultura? al ver a los sujetos terminar la noche escuchando tecno, por decirlo de alguna manera, en el Pub mas selecto de la zona (el único abierto a altas horas), volver en caravana cual gitanos descarriados cantando por las calles de la ciudad,  y vislumbrar a Ulrich arrojándose de cabeza dentro de un arbusto seguido por algunos de los Anthrax. Al otro día, el baterista recordaría: “A veces es sano volver a hacer locuras...” y preguntaría “ A donde vamos hoy?”. Solo Frank Bello era capaz de seguirle el ritmo, el resto no…
Volviendo a Megadeth, la banda  sale a matar y se desangra tema tras tema: “Holy Wars”, “Hangar 18”, “HeadCrusher”, “In my darkest Hour”, “Skin of my teeth”, “A Tout le Monde”, “Hook in Mouth”, “Trust”, “Sweting Bullets”, “Sympony of Destruction”  y “Peace Sell..” dentro del cual incluyen partes de “Holy Wars”. En este orden y de esta manera. Que decir?. La tormenta perfecta. Que mas decir?. Que la demagogia de Mustaine no es para todos igual: nos terminamos de dar cuenta de que el tipo ama realmente a  Buenos Aires. Y eso que el fervor de los rumanos se ubica en un punto intermedio, quizás más cerca, de la pasión latina que de la frialdad europea, tanto es así que nos sorprendimos ante el cántico popular “Megadeth…(sin el “Aguante”)… Megadeth” vociferado por la multitud  acompañando los acordes de “Symphony..” consecuencia quizás del Dvd grabado en Argentina.
El retorno de Ellefson le inyectó aun más bríos a la banda. Broderick cumple, Drover destruye la batería (aun estando herido de guerra de la noche anterior) y el Colorado es el Colorado acá y en todo el mundo: enfundado en su ya clásica camisa blanca, hizo del show su show, y sabiendo que no era la estrella de la noche, el tipo supo brillar escandalosa y furiosamente.
Slayer es una máquina de destrucción perfecta que devasta a medida que va progresando el show, mecánica, precisa y aceitadamente. “Mandatory Suicide” o “Angel of Death”, “South of Heaven” o “World Painted Blood”. Todo da igual. No se permiten una falla en su funcionamiento. Por momentos tanta disciplina asusta. Pero no conmueve. Solo Araya se salió del libreto ya que impedido de sacudir su cabeza por cuestiones médicas, se dedicó  a flirtear con su mujer ante la furia del resto de los Slayer…Gracias ¿Dios? por la vuelta de Lombardo. Gracias también por la onda de Kerry King. Y, glorioso, Hanemann, enfundado en pantalones de cuero y buzo de mangas largas enfrentando los 35 grados de calor reinantes…
Sin ofrecernos respiro y haciendo uso de todo el escenario (las bandas anteriores utilizaban solo tres cuartas partes  y la misma batería), Metallica haría su aparición en medio de toda la parafernalia de iluminación disponible y de ruidosos fuegos artificiales. Como cuatro leones enjaulados, dieron cátedra de Thrash Metal. Por algo son la banda mas grande del mundo y sin poder ser objetiva, ya que estaba en presencia de mi grupo favorito, la mejor.
Arrancan con “Creeping Death” y siguen con “For Whom the bells tolls”. Que mas pedir? “Welcome Home (Sanitarium)”, “Master of Puppets”, “Seek & Destroy”.Y así, creo que todos los allí presentes fuimos renaciendo  ante cada acorde de   “Hit the Light”, “Fuel”, “Master of Puppets”, “The Unforgiven”…temas que  se fueron sucediendo tal cual cocktail explosivo, reciclando lo viejo y lo nuevo, siempre yendo mas allá.…
Hetfield Y Ulrich disfrutan realmente lo que hacen, se brindan vulgar y rabiosamente, se conmueven, transpiran y eso lo transmiten. Trujillo se agita y agita su bajo tal cual poseso y Hammett…bueno, Hammett siempre me parece estar de más.
Mágicamente, la banda sigue generando electricidad en escena, místicamente  conservan esa química que los hace únicos e irrepetibles. Hubiera querido detener el tiempo y proyectarlos al más allá. Hubiera querido que ya formen parte de la eternidad. Todo terminó demasiado pronto, justo hacia la hora de las brujas, en la que el sueño y realidad se mezclan, el éxtasis y angustia conviven y el sudor y las lágrimas perduran… Por suerte, estábamos en Transylvania, tierra condenada y de condenados, esta vez siendo  testigos de lo más sagrado del Thrash, una vez mas como espectadores voluntarios de una nueva ofrenda a y de los Dioses del Metal.



                                                                   Por Silvia Conte
                                                                   Fotos: Alexa Fernández

 

 

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