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IRON MAIDEN
“The Final Frontier”   -   EMI (2010)

 ¡Que responsabilidad comentar el nuevo álbum de la doncella! Pues bien, hubo que esperar 4 años para que la muchachada de Harris volviera a la carga con material nuevo. Y lo hacen con el disco más extenso de su carrera, de ligero sabor progresivo, con temas largos de hasta casi 11 minutos, como esos que componen aquel “Brave new world”, 10 años después… y en medio de rumores de que éste podría ser el último trabajo del grupo y la promesa de la discográfica de editarlo ¡¡¡¡en vinilo!!!
 La cosa arranca con “Satellite 15… The Final Frontier” en medio de tambores apocalípticos que presagian una tormenta metálica que, sin embargo, no es la protagonista absoluta del disco. Hay una búsqueda de sonidos diferentes, variar las texturas y colores. Nicko McBrain ya había declarado que este álbum iba a ser algo distinto a sus predecesores. Luego de una intro de 2 minutos y medio… la esperada voz de Bruce, tan aguerrida como siempre aunque no mezclada tan al frente, incluso apenas procesada. A los 5 minutos, corte y a otra cosa, se hace presente la aplanadora: guitarras bien al frente para una segunda parte más machacante. Pegado llega el primer simple, “El Dorado”, con las guitarras marcando el paso y un Bruce que no llega donde antaño pero que, a base de oficio, sigue siendo el de siempre. “Mother of Mercy” no tiene velocidad pero sí consistencia y peso específico propio. Es uno de los temas “cortos”: 5´20… “Coming home” es un medio tempo aplastante. Con “The Alchemist” aprietan el acelerador al mango y es como una fiesta, es el Maiden de siempre. “Isle of Avalon” arranca con una intro en la que las guitarras me recuerdan a Manic Street Preachers o incluso The Clash. Bruce en un susurro que de a poco va subiendo el volumen hasta que explota y luego va subiendo y bajando a través de sus más de 9 minutos de duración. Largos duelos entre las guitarras, cortes y cambios de ritmo muy bien repartidos a lo largo del tema. “Starblind” comienza como una narración como presentando a las guitarras que, de a una, se van haciendo presente. Bruce casi todo el tiempo al límite pero dominando la escena como sólo él sabe hacerlo. “The Talisman” se abre como otro cuento con reminiscencias medievales pero que, luego de casi un recitado, arrasa de nuevo con furia todos los sentidos y que no decae. Nunca. Quizás el mejor tema del disco. A continuación, “The Man Who Would Be King”, que recuerda a “Into the black hole”, aquel tema que Bruce cantara para Ayreon. Incluso hasta parece que por momentos hubiera algún que otro colchón de teclados. La tranquilidad no dura mucho, y den nuevo a cabalgar. Como cierre, aires celtas le dan paso a “When The Wild Wind Blows”, el tema con melodía más pegadiza del disco, quizás el que las huestes coreen en cada estadio.
Si sos un purista fanático de Maiden, quizás el resultado final te suene raro. Alguien incluso me comentó que todo el disco le pareció igual. A mi, me pareció un buen disco, lleno de matices y virtudes, agresivo y con un arte de tapa de la hostia pero claro, no soy un fundamentalista.

                                                                              Por Carlos M. Rosa

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